Pequeñas reflexiones en el viento del sur

Todo lo que hay en el mundo tiene sentido, hasta el detalle más "tonto" e
insignificante, a eso es a lo que YO
llamo centro de mi atención.




sábado, 6 de marzo de 2010

Muñeca



Quiero todo lo que una niña de 3 años querría:
Quiero una casita de chocolate, en la que las ventanas sean de nata y disfrutar comiéndola... Viendo el paisaje que hay en el exterior… Donde tenga cuadros con escenas en forma de mosaicos y lo que forme la imagen sean gominolas de muchos colores y formas diferentes..
Quiero que mi cama esté llena de lacasitos y conguitos, blancos y negros.
Quiero una corona de diamantes, si no puede ser de diamantes de piedritas brillantes pero cogidas con amor.
Quiero un espejo mágico en el que me mire todas las mañanas al levantarme, y aunque esté sin peinar y fea, le pregunte: Espejito, espejito, ¿Quién es la más bella de este reino? Y me responda, un rotundo: TÚ.
Quiero tener a un príncipe azul, que me valore, que me de abrazos y me de besitos en la nariz.
Quiero tener esa casita de princesa que nunca pude tener.
Quiero ir a las nubes, para poder dormir en ellas y desconectar de todo lo que me hace daño o no me gusta.
Quiero que todo sea de colores y no tener más días grises.
Quiero que me des una sonrisa, cuando tengas ganas de llorar.
Quiero ser FELIZ. Y dejar las tonterías a un lado.
Quiero un hada a la que le pida muchos deseos y nunca se canse de cumplirlos.

-¿Es mucho pedir?
-Si duermes, no.
-Entonces dormiré el resto de mi vida.

Es algo... Perfecto.

Achinados… Así eran tus ojos, brillaban como si un rayo de luz proyectara justo en el centro de la pupila, oscuros como la noche y esas pestañas que llegaban a la parte inferior de tus cejas, curvas y perfectamente definidas… Tu nariz, característica, ancha y ligeramente achatada, donde a su derecha se encuentra ese pequeño lunar, que hace que tu cara sea única e incomparable con cualquier cara que se precie.
Más abajo esta tu boca grande, con los labios perfectamente perfilados, rositas y gorditos, ideales… Y donde tus dientes parecen cuadrados totalmente simétricos, blancos y brillantes. Con dos hoyitos que son únicamente tuyos y cuando sonríes hace especial tu cara. Tu cuello ancho y suave, a donde me aferro cuando estás conmigo, donde me siento segura y siento tus brazos rodeando mi cintura… Tus manos, suaves y cuidadas hasta el último detalle. Donde me he fijado que en la palma de la mano izquierda hay un pequeñísimo lunar que nadie se daría cuenta excepto yo.
Ese fue el día que te vi por primera vez, desde el primer día supe que en esa mirada había algo y lo tenía que descubrir… Me miraste y me transmitiste una sensación de tranquilidad, calma, era diferente. El día que estuvimos juntos por primera vez te refugiabas en los demás, para no ser el centro de mi atención, tu solo me mirabas y me sonreías. Pero no me podía quitar ese deseo de hablar y decirte que desde el primer momento me había fijado en ti, pero algo me hacía ser débil y dócil contigo. No podía decirte todo lo que quería porque me hacías ser sensible e incapaz de decir una palabra sin que se entrecortase mi voz.
Me ponía nerviosa al verte y cuando hablé por primera vez contigo, no sabía qué decir para agradarte, me daba miedo a fastidiarla… Pero no, por lo visto no lo hice, ahora me doy cuenta, cuando te tengo en mis brazos a todas horas.

jueves, 4 de marzo de 2010

Tu libertad y alegría, nada más.

Por un momento piensa, piensa en algo que te haga feliz. Pueden ser locuras, sueños, ilusiones.. Todo eso que siempre hayas querido hacer y se cosciente, haz eso que te diga tu cabeza. Todo lo que se te pase en ese momento y déjate llevar.. Dejate llevar, siendo siempre tú.Que nadie te oblige o te impida hacer eso que te hace feliz y te da una libertad que no muchas otras cosas no lo hacen. Aprovecha esa oportunidad, siempre viviendo el momento y respetando tu alrededor..Pienso que ya es por tu persona, se feliz pero siempre respetando a esa gente que está a tu lado, sean cercanas o no. Se feliz, es lo que quiero.

Personas y personas.

Decían que era una persona como cualquier otra y que nada cambiaría en el durante toda su vida, ni si quiera tenían fe en que cambiase su forma de comportarse.. Pero yo lo hice, confie en que lo haría, que lo podía conseguir. Un día, hablando con esa persona, me dijo: quiero que todo esto te haga ver que puedo conseguirlo, quiero cambiar para hacer feliz a toda esa gente que me quiere y quiero. Lo primero que le dije es, se tu mismo y haz las cosas porque quieras y no porque te obligen, esa fue su perdición.Fue él mismo el que se dio cuenta de que se estaba confundiendo, pero su orgullo pudo con ese afán de llamar la atención y sentirse él el centro de su mundo, que como no, formaba parte del mundo de los demás.Desde ese momento, me alejé.. Me alejé, porque me hacía sentir mal, para sentirse el bien.. Quise darle una oportunidad en un momento de reflexión donde todo lo bueno de el se vino a mi cabeza, pero en el momento de hacerlo.. pensé que no me serviría de nada. Me volvería a pasar lo mismo. A veces pienso que será de el cuando ya no tenga noticias tuyas, si cambia me alegraré como la que más.. mientras tanto, seguiré por donde lo dejé, por la última vez que hablé con el.

Alguien


Cada vez que te beso suavemente, el afecto se desborda con el dulce sentimiento.. Había visto tu risa y tu cara triste muchas veces,pero me sorprendió la primera vez que vi tu mirada, no era normal. En medio de ese camino interminable, me pregunto en qué piensas.. Hubo un tiempo en el que me dedicaba a pasar el rato ocultando todo lo que ahora sabes. Me pregunto si un "gracias" podría llegarte ahora.. He decidido que estaré a tu lado en los momentos de tristeza☺

miércoles, 3 de marzo de 2010

Kate

Un día triste, oscuro, tenebroso.. Un sonido provocado por el viento que nunca había escuchado.. Un frío que atravesaba la piel como si un afilado puñal me estuviera cortando. Estaba allí, en medio de un bosque con árboles y ramas que caían por medio del viento.. Un lago frío y con el agua turbia, no se veía nada, una niebla opaca.. Que no me dejaba ver las bonitas montañas que allí había. Estaba sentada en una piedra cuando de repente oigo un estallido. El estallido hizo un eco que se extendió por todo los rinconcitos de donde yo estaba sola y con miedo a ver algo que no me gustase.
Opté por ir a ver qué pasaba, me temblaban las piernas que en ese momento no sentía del frío que hacía, las manos, todo mi cuerpo era una vibración continua.. Pero eso no quitaba que quisiera saber que sucedía cuando supuestamente no había nadie.
Era un chico, bajito, moreno, con ojos rasgados y una sonrisa peculiar.
-¿Qué haces aquí?- pregunté.
Me miró extrañado-¿Quién eres y por qué nunca te había visto?
-Llevo aquí un día sin comer ni beber, me perdí en una excursión de mi colegio y ahora no se donde estoy.- ¿Me podría indicar el camino para llegar al parque de Monfred?
-¿El parque de Monfred? Eso está a km de aquí. ¿Cómo que te has perdido, sabiendo que este bosque puede llegar a ser peligroso?
-No lo sé. Estaba pensando en mis cosas.. Y quería estar sola. Me apetecía.. Y cuando me di cuenta, ya no sabía donde estaba.
-Deberías andar con cuidado.
-¿Entonces me indicas el camino?- La voz se entrecortaba por el frío.
- Sí, claro. Este bosque es como mi casa y se el camino. Pero primero iremos a mi casa y tomarás un chocolate calentito, comerás algo y después te acompañaré hasta el parque.-
-Gracias, menos mal.- Suspiré, con una sonrisita de niña tímida.
El camino por donde teníamos que ir, no era un buen camino. Tuvimos que pasar por muchos charcos, saltar de un lado a otro.. Era difícil llegar sin mancharte y sin algún rasguño que otro. Llegamos, era una casita blanca, con un tejado de madera, grande para una persona y con altos matorrales verdes. Entramos y todo era de colores pasteles, parecía que estaba en un cuento.. Todo a mi gusto. Me sentía como en casa, un salón a mi izquierda, a mi derecha un cuadro con un paisaje precioso, y al frente unas escaleras enormes decoradas con un bonito dibujo en sus escalones.
-Entra, no te preocupes por manchar el suelo, es normal que se manche. Tal y como estamos..-
Parecía un chico agradable y atento pero a la vez desconfiado. Tenía algo que llamaba la atención en su forma de expresarse y de hablar, parecía como muy suyo, no le gustaba mucho hablar o al menos eso parecía.
-Toma, aquí tienes, una manta y tu chocolate. Arrópate, cogerás frio..-
A la luz del fuego, al lado de una gran chimenea.. Estábamos sentados en el sofá con mantas sobre mi cuerpo. Me sorprendía gratamente, porque no me conocía de nada y sin embargo estaba ayudándome.
Estuvimos hablando de cómo me había perdido, de porque vivía solo, en medio del bosque y sin hablar ni relacionarse con nadie. Me dijo que no quería estar donde otras familias, porque tenía miedo al fracaso, a no llegar a ser como los demás, porque había estado durante toda su vida allí, solo y sin nadie.. sin preocupaciones , a no poder hacer lo que le gusta. Que era pensar, estar apartado un poco de todo ese jaleo de la ciudad, simplemente porque le gustaba el bosque, le traía buenos recuerdos de cuando estaba con su padre. Se pasaban las horas hablando y ninguno de nosotros éramos consciente de ello. Yo debía volver a casa, pero en ese momento no lo pensaba. Estábamos entretenidos con nuestras cosas.. Nadie diría que nos hubiésemos conocido ese mismo día.
Era ya la una de la madrugada, él me ofreció la estancia en la casa durante esa noche, porque había una gran tormenta. Todos los animales, con su sonido característico. Me sorprendía porque no estaba acostumbrada a ello, yo estaba acostumbrada a ambulancias, policía, voces.. Todo lo que suele haber en una ciudad. Pero me llamaba la atención, era diferente. El sonido de los pájaros, el aire.. y ese ruido fuerte que me impedía dormir. Estaba en una situación en la que nunca había imaginado estar, conociéndome y sabiendo lo desconfiada que soy; en casa de alguien desconocido, en medio de un bosque a km de donde debería estar..
Pasó la noche y de repente alguien al oído me susurra -Hay que despertar- con una voz dulce y con intento de no sobresaltarme.
-¡Buenos días!, veo que has dormido bien.-
Estiré las piernas, los brazos, miro al frente y no sabía si había visto bien o eran imaginaciones mías. Pero cuando froté mis ojos suavemente, tenía una gran bandeja con un desayuno típico americano.. Tostadas con mermelada de fresa, un café, un zumo, bacon, fruta.. Había de todo. Todo lo que una princesa tenía cada vez que despertaba, me sentí como tal.
-¿Por qué haces todo esto? No me conoces de nada.. –
-Supongo que por educación.. –
Me quedé fría. Los chicos de la ciudad no estaban dispuestos a comportarse como él, lo sabía por experiencia. Y menos si no me conocían de nada. Había y hay pocos chicos que hacen ese tipo de cosas. Cada vez había más misterio por su parte y yo quería conocerlo.
-¿Por qué no te vas a vivir a la ciudad y experimentas lo que hay allí?- Propuse.
-No tengo dinero, no tengo casa allí y no creo que encajase bien.- La expresión de su cara, me transmitía toda esa impotencia de no poder hacer lo que quería.-Me gustaría ir, pero.. –
-Dirás que estoy loca, pero si te dijera que puedes quedarte en casa de mi tía, que no vive allí, ¿Te vendrías?- Estaba entusiasmada con la idea.
-Pues.. me gustaría, pero ¿No le importaría a tu familia?
-No te dirán nada. Estarás por un tiempo.-
De repente su cara no parecía la misma, sus ojos brillaban porque iba a conocer algo nuevo, pero por otra parte le daba miedo a no poder hacer el tipo de cosas a las que estaba acostumbrado.
-No te preocupes por lo demás, me encargaré de ello. ¿Cuándo nos vamos?- Dije.
-Ahora, ¡voy a hacer la maleta!- Dijo eufórico.
Hizo su maleta y emprendimos el camino. Paramos dos o tres veces antes de llegar al parque Monfred. Y allí ya me situaba, estábamos lejos de donde teníamos que ir pero su conversación me hacía más ameno el recorrido. Llegamos a las tres de la tarde a la Giralda, antes de llegar, estuvimos en un parque donde solo había puestecitos de agua y gominolas, paramos para comprar algo y reponer fuerzas.
-Ya estamos cerca- Afirmé.
Fuimos a Plaza Nueva y ya se veía mi casa a lo lejos. Estábamos cansados de tanto andar. Y necesitaba tumbarme y descansar. Entramos y allí estaba mi madre, preocupada porque nadie sabía de mi.
-¡Hija! ¿Dónde te habías metido?- La noche anterior, me imaginé la situación y la primera frase que se me vino a la cabeza que diría fue esa, literal.
-Mamá, estoy bien. Me perdí y ya he vuelto.. No pasa nada.-
-Pero, de verdad estás bien ¿No?
-Sí, mami. Mira, él es el que me ha ayudado, se llama Moguille.-
-Hola, encantada.- Mamá, no entendía nada.
-Él es el que me ha acogido en su casa, y menos mal porque estaba la noche como para estar fuera de una casa.-
-Sí, eso mismo pensé yo, hija.- Venid, pasad. Ducharos y ahora os hago la merienda.
Mamá llamó al colegio para decir que no se preocupase y que no pasaba nada, que ya había aparecido. Me preguntó mil y una vez si estaba bien. Me preguntó por Moguille. Y le dije que se quedaría durante un tiempo en casa de la tía Amanda, lo aceptó. Me extrañó un poco, pero no dije nada más, haber si iba a cambiar de opinión, era muy típico en ella, decir que sí y a los cinco minutos que no.
Estuvimos en el salón viendo la tele, merendamos dos magdalenas y un colacao fresquito. Fuimos después a casa de tía Amanda para dejar su maleta y familiarizarse un poco con la casa.
-¡Vaya casa!-Gritó. –Es preciosa. Se parece a la mía del bosque, eso hará que no piense tanto en el.- Gracias, Kate. Gracias por todo lo que me estás ayudando.- Exhaló un fuerte suspiro.
-No hay de qué, confiaré en ti.-
Confié en él y no me equivoqué. Pasaron dos meses y él ya tenía un trabajo, para pagarse el año que viene los estudios. No quería ir más al bosque, se había acostumbrado a la ciudad, había visitado museos, parques, había practicado deportes, que en su vida se le hubiese pasado por la cabeza practicar, como el skate o los patines. Y tenía muy claro que quería estudiar y vivir allí. Ya estaba buscando un piso pero no de un coste alto, no podía permitírselo.
Algo cambió en mi en ese tiempo. Había estado durante meses con él, visitando sitios nuevos, haciendo cosas que me gustaban, me hacía ver las cosas desde otro punto de vista diferente, me hacía ser yo, hacer locuras, bromas, me hacía reir, estaba pendiente de mi, me ayudaba en todo lo que podía... Era simplemente alguien especial.
Un día fuimos al cine, vimos la película de “Un paseo para recordar” recuerdo a la salida del cine que me paró y dijo –No quiero perderte nunca. He encontrado a alguien que me hace feliz, realmente cuando hablo contigo es como si todo lo que hubiese alrededor se esfumara, todo desaparece.-
No sabía que decir ni que hacer, porque todo lo que me decía era lo mismo que quería decirle yo hacía tiempo, pero, ¿Por qué nunca se lo había dicho? Yo sabía la química que había entre nosotros dos. Pero nunca me había lanzado a decírselo. Debió ser mi pesimismo.
Le dije un simple- ¡Ah!-. No sabía qué hacer, me temblaba todo el cuerpo.
-¿Nos vamos para casa? hace frio-. Dijo él, avergonzado al decirme eso y contestarle un simple ¡Ah!.
-¡No!- Quiero ir al puente de Triana, hace tiempo que no voy..-
Estábamos en el puente de Triana, en una noche fría, con estrellas en el cielo y una luna llena, que alumbraba sus ojos y le daba un brillo increíble. Parecía un manto de diamantes.. Me cogió de la mano y me dijo: -Esto es lo que quiero vivir, así es como quiero vivir y vivir a tu lado. Solamente estar aquí y a solas, rozando tu suave mano y tu largo pelo haciéndome cosquillas en mi cara. Solo pido eso.. Solo quiero que este momento nunca se acabe.-
Un largo silencio se extendió entre nosotros. No soy de expresar mis sentimientos, me costaba decirle que a mi también me gustaba estar con él y vivir tal y como yo era, que era como me hacía sentir el cuando estaba a su lado.
-Gracias, pequeño.- Gracias por haberme hecho pasar estos días y disfrutar de tu compañía.-
-¿Gracias? No te imaginas como me has hecho sentir en estas últimas semanas. Me haces pensar en todo aquello que merece la pena, me haces que olvide todo lo malo, haces que ría, haces que llore, haces que.. simplemente que sea feliz. ¿Y me vas a dar a mi las gracias?-
-Nunca me habías insinuado nada de eso. Nunca me has dicho nada de lo que sentías.. Nunca te has abierto tanto conmigo.. ¿Por qué todo, de buenas a primeras?-. Tenía que saber a qué se debía todo lo que me había dicho esa noche, porque nunca lo hubiese imaginado. Nunca pensé que todo eso podría llegar a sentirlo.
-Me daba miedo, me daba miedo a que me dijeses algo que no quisiese oir.
-Sabes que si no hubiese sentido lo mismo que tú, no estaría aquí, no te hubiese llevado a la casa de mi tía para quedarte allí, no hubiese estado contigo en los momentos que lo has necesitado, no te hubiese contado tantas cosas como te he dicho y he confiado. Tantas cosas..
-Esas cosas no las veía.. Pero sí que tienes razón.- Dijo cabizbajo.
-¿Nos vamos? cada vez refresca más y empiezan a dolerme los oídos-.
Nos fuimos de allí, todo era perfecto. El no hablaba, con esa sonrisa que me transmitía lo mismo que desde la primera vez, timidez y sensibilidad.. Me lo decía todo. Solo me miraba y se hacía una pequeña sonrisa en mi cara sin darme cuenta.
Llegamos a casa, me miró a los ojos y lo único que dijo fue: eres única. Me dio un beso en la mejilla y esperó a que entrase en la casa. –Buenas noches, bebé.- Dijo.
-Buenas noches, mañana iré a casa de tía Amanda.-
Pasaron los días, cada día era más intenso. Nuestro amor iba creciendo aún más y más.. No paraba, todo era perfecto.
Quedamos en un parquecito al lado de la Giralda. Hablando, cenando, solo nos hacía falta un sitio donde estar y una buena conversación que hablar.. Me llamó mamá, porque era tarde y fuimos para casa, me dejó y.. Lo primero que hice es ver si algún mensaje o llamada había recibido, solo quería saber más y más de él. No podría esperar a que pasase toda esa noche para volverlo a ver. Cuando escucho el móvil vibrar, Moguille, me estaba llamando.
-Dime..-.
- Por favor, sal a la puerta.-
Salí y estaba sentado en aquel escalón donde lo esperaba a él todos los días.
-No podía irme..- Ven a casa y duerme conmigo, por favor- Dijo.
No podía decir que no a esa proposición. Era incapaz de dar una negativa. Fuimos a casa, abrió la puerta y me quitó la chaqueta que llevaba. Me ofreció cenar, pero solo quería dormir, estaba cansada de todo el día. Fuimos a dormir, me acurruqué en sus brazos con mi cabeza apoyada sobre su pecho, escuchaba su corazón latir perfectamente, era acelerado. Mientras él con su mano derecha me cogía por la espalda y me acariciaba suavemente la cara. Así nos quedamos dormidos.. Cuando despierto, veo que me está mirando, acariciándome.. –Buenos días, bebé.-¿Te he dicho alguna vez que eres preciosa? ¿Te he dicho alguna vez, que me encanta como respiras cuando duermes? ¿Te he dicho alguna vez que me encanta cuando deshaces las cama por tu “hiperactividad” cuando duermes? Te he dicho alguna vez que me encantas tú?-.
Cada vez me hacía más feliz, cada vez me daba un motivo por el que estar así con el.. Me hacía sentir como el decía que era, una princesa.
Dicen que a medida que vas conociendo a una persona, vas conociendo cosas que no te gustan o defectos que tiene. Pero todos sus pequeños defectos, que los tenía porque ser persona, era como una parte de él que cuando hablaba y actuaba no aparecían. No le veía nada que me importase, estaba tan.. ¿Ciega?
Estaba ciega, pero por todo lo que sentía.
De repente un día… Llegué a casa de tía Amanda, veo que está todo “patas arriba” y a él haciendo la maleta.
-¿A dónde vas?-.
-Me tengo que ir, no sé a dónde voy, no sé qué hago, no sé qué decirte… Pero me tengo que ir, si no lo hago todo esto acabará mal.- Y lo único que quiero es que seas feliz.-
-¡Pero si yo con lo único que soy feliz es contigo!- ¿Qué haces? ¡No lo entiendo!-.
-Princesa, ¿crees que yo no? Me haces feliz, te quiero y por favor, que nunca se te olvide! ¡Prométemelo!-.
-Nunca se me olvidará, pero ¿a dónde vas?, no me dejes aquí, por favor.- Nunca había sentido tanta angustia acumulada.
-Me voy con mi padre, me obliga a irme con él. No sé a dónde iremos, pero ha venido muy enfadado y dando voces, diciéndome: ¡Nos tenemos que ir inmediatamente!
-No quiero que te vayas, por favor, quédate. No me dejes, no sé que haré sin no estás aquí conmigo.- Unas pequeñas lágrimas asomaban en mis ojos.
-¡TE QUIERO! No te preocupes que nos veremos dentro de muy poco. Te quiero- Me dijo, con impotencia.
A partir de ahí no tuve noticias suyas, durante tres meses, tres meses en los que día y noche, aparecía en mi cabeza y no pasaba desapercibido por mis sentimientos. No se iba de mi.. Intenté olvidar un poco todo lo que tenía de él y todo lo que me había hecho sentir, todo lo que nunca había sentido con otra persona.
Un día, estando en mi habitación escuchando música, sentí que llamaron al timbre de mi casa. No lo di la menor importancia. Pero de repente, llaman a mi puerta,- Kate, abre.. Es para ti.-
Abrí la puerta y era un señor, nunca lo había visto. Y por lo tanto no sabía que hacía en mi casa y menos para hablar conmigo.
-Hola, ¿Le conozco?-. Pregunté intrigada.
-Pues creo que no, pero soy el padre de Moguille. ¿Sabes de quien te estoy hablando?-.
-¿De Moguille? ¿Usted es el padre de Moguille? ¿Y Moguille? ¿Dónde está?-.
-Tranquila, él está bien… Solo vengo a hablar contigo-.
-¿Por qué razón debería escucharte, cuando te lo llevaste sin más?-. Pregunté indignada.
-Solo quiero explicarte el motivo por el que lo hice, que creo que debes saberlo.-
-Pues hable
-Está bien, te lo explicaré. Hay una persona que con tal de hacerme la vida imposible, haría cualquier cosa. Esto ya son razones mías que no vienen a cuento, el caso es que me amenazaron con que si no daba lo que querían, harían la vida de mi familia imposible. Fui incapaz de darle lo que me pedían.. Y me dijeron que si no te dejaba Moguille, tú acabarías mal. Hice lo que creo que sería mejor para vosotros dos. Haces feliz a mi hijo y eso no lo cambio por nada del mundo. El no tuvo culpa de nada, solo quería que fueseis felices y aunque halláis estado separados durante mucho tiempo, es lo mejor que he hecho en mi vida. He aprendido a valorar las cosas, y lo más valioso que tengo es mi hijo. Gracias a ti he visto a mi hijo feliz. Por eso, me lo llevé, sin decir nada… Para que no te pasase nada, siento si he hecho que lo pasaseis mal. Pero dentro de un tiempo me lo agradeceréis.
-¡Vaya! Nunca me había puesto en esa situación… Lo he pasado muy mal y el daño que me hizo, no es comparable con nada. Aún no lo había asimilado -. ¿Dónde está el?-
-Te llevaré con Moguille. No te preocupes.-
Nos montamos en el coche, yo aún estaba en estado de “shock”. No sabía que hacer ni que decir. No podía ser tal y como me lo había contado, era todo surrealista. Parecía que estaba en una película. Cuando llegamos a su casita del bosque y lo veo sentado en una silla con la cabeza agachada… Lo primero que hice fue ir hacia el y darle el beso más apasionado que jamás y repito jamás, le he dado a nadie. Este texto que leí hace tiempo era perfecto:
"En ese momento, su boca estuvo sobre la mía y no pude evitarle. No sólo porque era miles de veces más fuerte que yo, sino porque mi voluntad quedó reducida a polvo en cuanto se encontraron nuestros labios. Este beso no fue tan cuidadoso como los otros que yo recordaba, lo cual me venía la mar de bien. Si luego iba a tener que pagar un precio por él, lo menos que podía hacer era sacarle todo el jugo posible.Así que le devolví el beso con el corazón latiéndome a un ritmo irregular, desbocado, mientras mi respiración se transformaba en un jadeo frenético y mis manos se movían avariciosas por su rostro. Noté su cuerpo de mármol contra las curvas del mío y me sentí muy contenta de que no me hubiera escuchado, porque no había pena en el mundo que justificara que me perdiera esto. Sus manos memorizaron mi cara, tal y como lo estaban haciendo las mías y durante unos segundos escasos que sus labios estuvieron libres, murmuró mi nombre..."
Ahí lo tenía, de nuevo en mis brazos.. Lo que había soñado durante tres meses y ahora.. Ahora somos felices. El me sigue queriendo y me lo demuestra cada día. Ahora se que por mucho que nos separen y la distancia que haya entre nosotros no hará que cambien las cosas.


FIN.