Pequeñas reflexiones en el viento del sur

Todo lo que hay en el mundo tiene sentido, hasta el detalle más "tonto" e
insignificante, a eso es a lo que YO
llamo centro de mi atención.




jueves, 17 de junio de 2010

¡Decisivo!

-Puedes ganar esta última partida, estás en la recta final. ¿Ahora te vas a rendir?-.
-No, solo quiero que estés conmigo, se que si estás cerca.. La podré ganar. Dicen que es uno de los juegos más supersticiosos y creo que mi superstición eres tú. No lo creo.. Lo sé a ciencia cierta. Ya lo he comprobado.. E incluso hará que me haga daño en un mal movimiento-.
-No puedo estar pero seguro que tienes suerte y no te pasa nada de eso. Concentrate.. Solo eso es lo que te hace falta-.
-Pero necesito que estés conmigo..-

A la mañana siguiente empezó el partido. Un sol que resplandecía sobre el terreno de juego. Todo preparado, cada fotografo atento a cualquier hecho que sucediese importante. Las camaras retransmitían cada segundo.. Y cada gesto de las dos jugadoras, tanto mía como de ella. Sonrisa o incluso un gesto de odio de una a otra. Ya que tuvimos algun que otro roze anteriormente -eso para la prensa es lo mejor del partido, más que el resultado incluso-. Los recoge-pelotas, preparandose... Toallas y demás preparadas. Plátanos que no falten.
Cuando una voz dice: -Empecemos, señoras y señores silencio porfavor-.

Empieza el desafío, nunca lo había sentido como una competición pero era el partido más importante de mi vida. Y sentía que si no lo ganaba era un gran decepción.. Para mi y para mis seguidores, por supuesto para toda la gente que le importaba, mi familia y él.

El partido empezó con mal pie, llamemoslo así. Su rival, tenía un buen saque. Fuerza y decisión.

En una o dos ocasiones, la bola fue a mis pies. Imposible llegar a ella.
Otra vez.. a la red. Y es que no podía hacer nada, no me concentraba.
Cuando una vez saqué y tuve oportunidad: miré al cielo: -Dios, haz que se acabe este partido-.
Empezó a llover.. No me lo creía porque nunca lo hubiese pensado antes.
Se suspendió entonces.. Ya que resbalé en una de las veces que le fui a dar a la pelota.
Entré en los vestuarios, me senté y empecé a pensar en lo que podía haber fallado, todos los saques.. Y solo encontraba respuesta cuando la imagen de él se venía a mi cabeza. Entró alguien.. Era él.

-¿Tu no te ibas? ¡No venías! ¡No podías!-.
-Sí, yo también creía que me iba. Pero me he dado cuenta que te quiero y que estaré en tu último partido-.
-¿Qué has dicho?-
-Que te quiero...
Un abrazo nos unió...
Hablamos mientras fuera me esperaban para poder seguir con el juego-ya había dejado de llover-.
Salí a la pista. Y él se sentó. No lo veía por ningún sitio. Jugué con más fuerza, pasión. Y en el momento decisivo, cuando un empate desató mis nervios. Miré al público, seguí mirando.. Pero era imposible entre tantísima gente encontrarlo.
Una milésima de segundo antes de llegar la pelota a rozar mi raqueta, lo ví. Con cara de intriga y desesperación.
Saqué con todas mis fuerzas, y en menos de un minuto la pelota desapareció detrás de mi rival... ¡Había ganado!
Increíble, qué simple fue.
Quien diría que algo tan importante se decidiera con solo tener a alguien.

Salí a correr, entre la gente con banderas de EEUU. Le dí un beso a mis padres y a mi hermano que habían estado allí viendo mi victoria.
Y fui a buscarlo..
-Sabía que lo harías-.
-Gracias.-
Me abrazó fuerte y no hacía falta nada más.



Wimbledom.

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